La Reconquista

 

Hasta el siglo XI, los reinos cristianos amplían su territorio mediante la ocupación de espacios vacíos de población, sin existir enfrentamiento militar con el Califato de Córdoba. En estos siglos existió en estos estados primigenios una actitud defensiva ante el invasor islámico, que por otro lado tampoco mostraba demasiado interés por esos territorios norteños. La campaña de Almanzor de finales del X (en la que llegó a saquear Santiago de Compostela en 997) fue una respuesta ante el avance de los cristianos, y no un intento expansionista del califato.

Es a partir de mediados del siglo XI cuando la actitud defensiva pasa a ser ofensiva, pues la expansión cristiana se hará a través de la ocupación de tierras habitadas por musulmanes. Es en este momento cuando comienza la Reconquista, un fenómeno que se extenderá en su máxima expresión hasta finales del siglo XIII (si bien el último reducto islámico no fue conquistado hasta 1492, Granada).

El proceso de la Reconquista tuvo las siguientes fases

Consolidación de la línea de partida

Ocupación de los valles del Ebro y el Tajo

Dominio de los cursos alto y medio del Júcar, Turia y Guadiana

Conclusión: Baleares, Levante y valle del Guadalquivir

 

Consolidación de la línea de partida

Gracias al proceso repoblador y a la crisis del Califato, los reinos cristianos pudieron consolidar la expansión que experimentaron a partir del siglo VIII. Los estados cristianos pasaron a ser sumisos a establecer un sistema de Parias, mediante el cual los reinos de Taifas musulmanes salidos de la descomposición del Califato, compraban la paz o la alianza militar de determinados jefes cristianos. Paradójicamente, el dinero recibido por estos será utilizado para la propia guerra contra los musulmanes.

La rapidez con la que los cristianos se imponen no es sólo cuestión de dinero, sino más bien por la organización de sus estados, que era concebida como un sistema de defensa inserto en la estructura de una sociedad que comprometía no sólo a los militares, sino al conjunto de la población. A esto se unía el aumento de las tropas permanentes como los mercenarios. Además el ejército cristiano comenzó a usar armas más poderosas (fabricadas con hierro), mejores atalayas, y la caballería comenzó a aumentar en detrimento de la infantería.

Esta primera fase se da por terminada con la conquista de Calahorra en el año 1045, fecha que se ha dado como principio de la reconquista.

La figura más relevante al final de este periodo fue Sancho III el Mayor de Navarra (1002-1035). Con él su reino se convierte en el más poderoso de la Península, al caer momentáneamente el Condado de Castilla dentro de su órbita. Esta hegemonía no dio paso a la unidad política de los reinos cristianos. A su muerte surgirán los dos reinos protagonistas del proceso reconquistador: Castilla y Aragón.

 

Ocupación de los valles del Ebro y del Tajo

Se produjo a través de un enfrentamiento con los reinos de Taifas entre 1045 y 1090, y el Imperio Almorávide entre 1090 y 1150.

Primeramente la línea fronteriza se trasladó desde el Duero al Sistema Central. El Reino de Portugal avanzó hacia el sur conquistando Viseu en 1055 y Coimbra en 1064.

El Rey Alfonso VI de Castilla impulsó decisivamente la Reconquista con la toma de Toledo en 1085 y la mayor parte del territorio de su Taifa. El eje de comunicaciones entre los valles del Guadalquivir y el Ebro quedó roto. Este hecho sacudió a todo el mundo islámico, que reaccinó precipintando el fin de los primeros Reinos de Taifas a través de la invasión almorávide.

Poco después Aragón consiguió controlar el curso medio del Ebro con la conquista de Zaragoza en 1118 por Alfonso I el Batallador.

Décadas después se consiguió el dominio de estos dos valles, coincidiendo con la crisis del Imperio Almorávide y la toma de Lisboa en 1147 y Lérida en 1148.

Entre 1096 y 1102, hubo un breve pero épico episodio, con la conquista del reino de Valencia por parte del vasallo de Alfonso VI, Rodrigo Díaz de Vivar, llamado el Cid. Una vez finalizado, el reino pasó a manos musulmanas.

 

Dominio de los cursos alto y medio de los ríos Júcar, Turia y Guadiana

Esta fase coincide con los segundos Reinos de Taifas y el hundimiento del Imperio Almorávide, entre 1150 y 1212.

El 27 de enero de 1151 en la localidad navarra de Fitero el rey castellano Alfonso VII y el aragonés Ramón Berenguer IV firmaron el tratado mediante el cual los dos reinos se repartían las futuras conquistas sobre tierras musulmanas, al tiempo que aislaban a Navarra de la Reconquista.

El hecho más sobresaliente en esta etapa fue la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, contra los almohades, cuya victoria por parte de los castellanos, les proporcionó el libre paso de la meseta la valle del Guadalquivir.

En esta fase se crean también las órdenes militares para la defensa de las zonas ocupadas. Se trata de hermandades de caballeros con dedicación militar y religiosa, de manera permanente. Las principales fueron:

 

Conclusión de la Reconquista: Baleares, Levante y Valle del Guadalquivir

Esta fase abarca desde la toma de Cáceres en 1227 y Murcia en 1266. Los modos de guerra se han de adaptar a la nueva extensión del territorio y a la amplitud de la fachada marítima que adquiere Aragón según avanza hacia el sur. Aparece así la marina de guerra, que se utilizará conjuntamente con los ejércitos de tierra a través de las reales atarazanas de Barcelona y Sevilla.

Aragón inicia su conquista hacia el sur saltando la línea del Ebro y conquistando Mallorca en 1229. Poco después caen Morella en 1232, Valencia en 1238, y finalmente se completa la conquista de todo su reino en 1246 con la caída de Denia.

Castilla por su parte cruza el Tajo y comienza conquistando Cáceres en 1227 y Badajoz en 1230. Poco después cae la ciudad emblemática de Al-Andalus, la que fue capital del Califato y ciudad más deslumbrante del mundo en el siglo XI, Córdoba, en 1236. Casi al mismo tiempo los portugueses finalizan su reconquista con la toma de Moura y el Alentejo, y el Algarve.

Fernando III de Castilla y León entra en Sevilla en 1248. Su hijo, Alfonso X el Sabio tomará Cádiz en 1262, y concluirá la Reconquista con la toma de Murcia en 1266. La línea fronteriza con el reino nazarí de Granada se mantendrá por varias razones:

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