Orígenes de los estados cristianos

 

Debido a la rápida expansión musulmana a partir del siglo VIII, la población visigoda que no cayó en la dominación islámica se replegó hacia las zonas montañosas del norte peninsular, donde prendieron los primeros focos de resistencia antiárabe.

El reino Astur-Leonés

La formación de Castilla

El origen de Navarra

El origen de Aragón

El núcleo de Cataluña

Movimientos de convergencia

 

El reino Astur-Leonés

Fue el más importante núcleo cristiano hasta el siglo X por su extensión, su fuerza económica y su estructura política.

Para remontarse a sus orígenes, se entra en el terreno de la leyenda, allá por el año 720 cuando surge el primer movimiento independiente obra de algunas tribus montañesas que querían escapar al control musulman. Las primeras resistencias surgieron en la región situada entre los Picos de Europa y el Valle del Sella, con la figura de Pelayo y los sucesos de Covadonga que fueron exaltados mucho más tarde en el siglo X por los cronistas mozárabes, dándoles la categoría de primera gran victoria de las tropas cristianas frente a los invasores islámicos.

La primitiva expansión de los reinos cristianos, cuya figura relevante fue el rey astur Alfonso III, se desarrollo sobre territorios que nunca fueron dominados por los musulmanes. Eran más bien tierras baldías, desiertos demográficos que no fueron conquistados, tan sólo repobladas.

La idea de la Reconquista parte, supuestamente, desde esta época y estos territorios, que serán el origen de la Nación Española (según Menéndez Pelayo) que surge, en realidad de una contradicción, ya que:

  • Los cántabros-astures mantuvieron continuas luchas con los visigodos, y siempre mantuvieron su independendecia.
  • La región habitada por estos pueblos se convirtió desde la invasión musulmana en la heredera del reino visigodo de Toledo.

El momento culminante de la expansión del reino asturiano tuvo lugar en la segunda mitad del siglo IX con Alfonso III. Con él se produjo la ruptura con las instituciones arcaicas de los cántabros y astures, y fueron sustituidas por otras que recogieron la herencia de lo visigodo, aunque adaptadas a la nueva realidad histórica.

La consolidación del reino asturiano se produce justamente cuando se eliminan de manera progresiva los elementos sociales indígenas que habían hecho posible el nacimiento, la diferenciación social y la independencia del teritorio cantabro-astur. Cuando concluye este proceso, se instaura el estado feudal del reino astur.

En el aspeco político, la tradición local se detecta en el papel que las mujeres tenían como transmisoras de los derechos de sucesión al trono, aunque el poder regio no lo detentaban ellas, sino los varones con ellas relacionadas.

Otro aspecto esencial en esta época fue la cristianización del territorio astur, iniciada en los siglos anteriores, aunque de forma poco conocida. Es significativa la carencia de obispados en todo el territorio en la época romana y visigoda. La región fue cristianizada a través de un cristianismo monástico adaptado al modo de vida de las sociedades rurales, en la que los centros de culto indígenas eran sustituidos directamente pos centros de culto cristiano, como es el caso de las iglesias rupestres como la Cova Dominica. En un documento del año 812 se identifica ya a los cristianos con los astures.

En estos siglos el plano socioeconómico se caracterizó por la perduración de las viejas organizaciones sociales indígenas: los castros asturianos estaban todavía habitados a finales del siglo VI, y es posible que sobrevivieran hasta el siglo IX. Poco a poco la población campesina local iba entrando en la dependencia de los dominios agrarios de la nobleza y de la Iglesia. Se produjeton varias sublevaciones de siervos contra sus señores, que intentaban eludir esta dependencia impuesta. En el reinado de Aurelio se sofocaron estas revueltas y se consolidaron con ello las bases del estado feudal.

 

El primer soberano del reino asturiano fue Pelayo, a decir de la Crónica Albedense, y la Crónica de Alfonso III en sus versiones rotense y ovetense. Parece ser que Pelayo se encontraba ya en Asturias cuando se inició la invasión musulmana, pues había sido expulsado de Toledo por el rey Witiza.

En la localidad de Cangas, Pelayo fue elegido en asamblea por sus gentes como príncipe de todos los astures (según la crónica Albedense). La crónica ovetense dice que fue elegido por la nobleza goda de sangre refugiada en Asturias tras la invasión.

Parece ser que el hijo de Pelayo, Favila, le sucedió en el poder, pero a este le sucedió el hijo de su hermana, Alfonso I (739-757). En las mencionadas crónicas se intenta vincular a este soberano con la monarquía goda. La primera delimitación del reino astur fue obra de este rey, que mediante una serie de expediciones ofensivas destruyó el sistema defensivo musulmán convietiendo la región en tierra de nadie y llevándose a toda la población a las montañas del norte.

El reinado de su sucedor Alfonso II el Casto (791-842) conoció el punto culminante en la formación del reino astur. Varios hechos serán trascendentales en este reinado:

Con el reinado de Alfonso III (866-910) se fijó definitivamente la frontera en el río Duero. Esta expansión no fue militar, sino debida a la presión demográfica de unos valles cantábricos demasiado poblados para el tipo de economía ganadera existente, y a la contínua llegada de emigrantes mozárabes procedentes de Al-Ándalus.

La repoblación de las nuevas tierras adquiridas se efetuó mediante dos procesos:

De esta manera en el siglo X ya se pudieron repoblar más de 70.000 km2 y la capital del reino se trasladó a León, en pleno valle del Duero.

A partir del siglo X se frenó la expansión del reino astur-leonés, y se produjo su crisis:

 

La formación de Castilla

En las crónicas de Alfonso III aparece por primera vez la palabra Castilla referida a un territorio: "Las Bardulias son llamadas ahora Castilla", que el reino Astur-Leones tenía necesidad de fortificar para evitar las molestas incursiones musulmanas.

Hacia 850 el conde Rodrigo controla la zona fronteriza plagada de castillos que durante los siglos IX y X fueron recibiendo oleadas de repobladores cántabros y vascos. Estos territorios siempre fueron dirigidos por condes dependientes de los retes astur-leoneses, pero nunca ocultaron sus veleidades independentistas.

 

Las tierras de Castilla se presentan como un núcleo dinámico, activo, vigoroso, y original, debido a su carácter de tierra de frontera. El condado castellano innova nuevas soluciones que presagian un futuro brillante. Las estructuras socioeconómicas propias de la Europa feudal están prácticamente ausentes en Castilla. El peculiar sistema de repoblación hace que sea esta una tierra de hombres libres, pequeños propietarios de sus propias tierras.

A todo esto se une el constante peligro en que se vive en la región, ante las continuas razzias de los musulmanes. La mejor arma contra ellos es disponer de una poderosa caballería. Por ello los condes conceden abundantes franquicias de caballería, originándonse así una caballería popular en todas las tierras castellanas, fenómeno único en la Edad Media hispánica.

Esta peculiar estructura social abierta, debido a los dos fenómenos (ocupación libre de la tierra e innovación militar), hacen que Castilla comience a destacar entre los reinos hispánicos.

Además, el alejamiento geográfico de la Corte, contribuyó aun más a fortalecer la individualidad del núcleo castellano. Ante las complicaciones que presentaba llevar las apelaciones a la Corte, regidas por un antiguo Fuero Juzgo (Liber Iudicorum), los castellanos empezaron a regirse por sus propias costumbres. Mientras en el reino leonés se escribe en latín, en el contexto de la restauración de la escuela isodoriana, en Castilla se cultiva un género literario nuevo, con obras escritas en romance.

En todo este contexto, surge la crisis de poder en el reino leonés. El conde Fernán González (923-970) logra finalmente a mediados de siglo la independencia política de facto del reino astur-leonés.

El condado de Castilla se convierte en reino después de la Batalla de Támara (1037). A la muerte de Sancho III, su hijo Fernando continuó siendo Conde de Castilla, y estaba subyugado a su hermano Garcia, que había heredado los territorios patrimoniales con el título de Rey de Pamplona. Tras la muerte del rey leonés Bermudo III en la Batalla de Támara, Fernando I hizo valer los derechos de su esposa al trono leonés, y tomó el título de Rey de León, uniendo así los reinos de Castilla y León en su persona.

 

El origen de Navarra

El empuje musulmán en el siglo VIII llegó hasta bien al norte, y sólo pudieron ser detenidos en la batalla de Poitiers en 732, dentro del territorio de los francos. Poco después, una vez los musulmanes fueron rechazados hacia el sur, al otro lado de los Pirineos, Carlomagno creó la Marca Hispánica, o Limes Hispanicum, como línea defensiva frente a los musulmanes. La parte más occidental de este limes, lo constituyó al principio el Reino de Pamplona.

Su posición de bisagra entre la España occidental y la España oriental se traducirá en una relación discontinua, débil e indecisa a veces entre las dos grandes unidades territoriales políticas que acabarán por consolidarse en los siglos de la Reconquista: la Corona de Castilla y la Corona de Aragón.

A comienzos del siglo IX la rivalidad de las dos familias más importante (los Velasco, promusulmanes, y los Arista, influidos por los carolingios), finalizaen el año 820 con la victoria de Íñigo Arista. Durante el siglo X, con el apoyo del rey asturiano Alfonso III, sube al trono la familia Jimena, que fortalecerá el reino conquistando Nájera y La Rioja, territorio que a lo largo del siguiente siglo fue permanentemente disputado por castellanos y navarros. Finalmente fue incorporado a Castilla por primera vez por Alfono VI en 1074.

A partir de este siglo XI, el Reino de navarra participará activamente en la Reconquista, extendiendo sus dominios hasta el río Ebro.

 

El origen de Aragón

Su origen se sitúa en el contexto del establecimiento por los francos de la Marca Hispánica, y en un principio fueron dependientes del conde de Tolosa. La configuración geográfica de los valles pirenaicos, aislados entre sí, posibilitó la creación de condados independientes: Jaca (vinculado a la familia Aznar Galindo), Sobrarbe y Ribagorza, que con el tiempo acabarán de librarse de la tutela franca para integrarse en un reino de entidad mayor: Aragón (año 1035).

 

El núcleo de Cataluña

Antes del establecimiento de la Marca Hispánica existían en los valles pirenaicos más orientales un conjunto de condados: Pallars, Urgel, Cerdaña, Rosellón, Besalú, Ampurias, Gerona, Ausona, Barcelona y Valle de Arán, que pasaron a formar parte a partir del siglo IX del Imprerio Carolingio. Eran territorios con un fuerte carácter militar gobernados por un comes nombrado por el rey franco, que incluso tenían una subdivisión administrativa menos, los pagos.

Con la crisis del reino franco, los lazos de dependencia se debilitaron, y cuando el Condado de Barcelona, bajo el mandato de Wifredo el Velloso unificó varios condados catalanes (878), y más tarde Borrell II rompió los lazos de vasallaje con los reyes de Francia, se materializó la independencia. Desde entonces Cataluña (denominación que empezó a utilizarse en 1116), en virtud de su posición geoestratégica en la España oriental, va a desempeñar un papel fundamental en la Reconquista.

 

 

Movimientos de convergencia

Las primeras unidades políticas surgidas en la España medieval cristiana antes del año 1000 tenían una base territorial centrada en la región natural, que en algunos casos no pasaba de ser una serie de valles pirenaicos o cantábricos. A partir del siglo XI se irán configurando unidades políticas mayores en el oriente (la Corona Aragones), y en el occidente (la Corona de Castilla y León) de la Península Ibérica, además del Reino de Portugal.

 

Movimientos convergentes en la España Oriental

Con el matrimonio de Doña Petronila de Aragón y el Conde barcelonés Ramón Berenguer IV, se materializó la unión entre Aragón y Cataluña. Había además razones geográficas para ello. El avance de la Reconquista hacia el sur hizo posible superar el aislamiento que suponían los valles pirenaicos, al disponer ahora de un gran eje de comunicaciones transversal como es el valle del Ebro. Este hecho fue decisivo para posibilitar la convergencia política de las dos entidades, que puso de manifiesto:

 

Movimientos convergentes en la España Occidental

Se materializaron con la expansión del reino Astur-leonés en el reinado de Alfonso III, que cruzó las montañas y se estableció en la llanura, llevando las fronteras del reino hasta el río Duero. Esta expansión tuvo como primera consecuecia la independencia de las tierras más lejanas, Castilla, que poco después acabaría por consolidar una unidad política de mayor entidad, el Reino de Castilla y León.

 

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