Desarrollo militar

 

Los comienzos, julio - septiembre de 1936

El Alzamiento fue un fracaso, pues dejó a España dividida en dos. Por un lado la República mantuvo unos 350.000 kilómetros cuadrados, las zonas más ricas e industrializadas del país, así como a un 70% de la población. Los militares sublevados controlaban unos 150.000 kilómetros cuadrados, más el protectorado español en Marruecos. En general eran las regiones más despobladas y carentes de industria, pero más típicamente agrícolas.

Estas zonas casi coinciden con el panorama que ofreció el país en las elecciones de febrero de 1936, la misma división que se vio en esa ocasión aparece al comienzo de la Guerra Civil.

Los primeros avances nacionales se centran en 3 frentes:

- La liberación de las plazas sublevadas en Andalucía, conquistando pasillos de terreno que las unieran a las zonas sublevadas.

- La separación de la zona norte republicana del territorio francés. En agosto caen Irún y San Sebastián y se logra este objetivo.

- El intento de conquistar Madrid, a partir de Extremadura por el valle del Tajo. Rápidamente cayó Talavera, lo que desató las alarmas en los republicanos.

Poco después cae Toledo, después de un terrible asedio que resistió el Alcázar (único reducto sublevado de la ciudad) frente a las tropas republicanas. El 5 de noviembre se conquista Getafe, con lo que los nacionales llegan a las afueras de la capital. El día 6 el gobierno republicano abandona la ciudad y fija su sede en Valencia. En su lugar se instaló una Junta de Defensa presidida por el general Miaja. El pueblo madrileño se lanzó a la defensa de la ciudad, bajo la consigna del "no pasarán". Unos días después entraban las primeras Brigadas Internacionales, que apoyaron decisivamente la defensa de la ciudad. A principios de diciembre, el ataque frontal a Madrid era un fracaso.

 

La reacción republicana, diciembre de 1936 - julio de 1938

La batalla de Guadalajara en marzo de 1937 fue el último intento importante de los nacionales para conquistar Madrid. El 8 de marzo 50.000 soldados italianos rompían el frente republicano a lo largo de la carretera N-II (Madrid-Zaragoza), mientras el general Moscardó llegaba a Torija, cerca de Guadalajara.

La reacción republicana fue total. Su empuje, unido a las malas condiciones climatológicas, detuvieron el ataque italiano, y contraatacó recuperando el territorio perdido y recogiendo el abundante material bélico que los italianos abandoron embarrancado en el barro en el primer "gran atasco" de la N-II de la historia. El 21 de marzo el frente quedó estabilizado de nuevo, con lo que la capital se salvó de nuevo.

En julio de 1937 (del 6 al 26), se desarrolló la batalla de Brunete, al oeste de Madrid, y por iniciativa republicana. Con ello se intentó rodear a las tropas nacionales situadas en la Ciudad Universitaria y en la Casa de Campo. Supuso un tímido avance territorial, pero el objetivo realmente no se cumplió.

Meses más tarde la República movilizó a sus fuerzas en un intento por conquistar Zaragoza, iniciando la batalla de Belchite. El 15 de diciembre de 1937, nuevamente por iniciativa de las tropas republicanas, comienza el ataque a Teruel, que fue tomado el 8 de enero de 1938. Poco durará el avance republicano, pues los nacionales reconquistarán la ciudad el 20 de febrero, después de un invierno inusualmente gélido.

La batalla de Teruel significó un terrible desgaste para las fuerzas republicanas, y a su caída la desmoralización fue total, llegando incluso al mismo ministro de Defensa, Indalecio Prieto. Dejó al ejército republicano completamente exhausto y facilitó la siguiente ofensiva de los sublevados en Aragón. El día 3 de abril caía Lérida, ya en Cataluña, y días después Vinaroz y Castellón, con lo que los nacionales se asomaban al Mediterráneo, y dejaban a Cataluña aislada.

Mientras todo esto sucedía, la República perdió el norte del país y con ello toda la industria pesada disponible. Ya en abril de 1937 el ejército vasco se retiró hasta Bilbao. El 26 de abril se produjo por parte de la aviación alemana el bombardeo de Guernica, en la costa donostiarra. Dos días después caía Durango, muy cerca ya de Bilbao que cayó inmediatamente. El 14 de agosto comenzó el ataque de Santander, finalizado el 24 con la toma de la ciudad. El 1 de septiembre comenzaba la conquista de Asturias, donde estaba aislada Oviedo de parte de los sublevados. El avance al principio fue lento debido a la resistencia de los asturianos republicanos y a que los sublevados tuvieron que movilizar tropas y aviación para contener la ofensiva republicana en Aragón (batalla de Belchite). Pero a partir del 14 de octubre se produjo la ruptura del frente en Infiesto y el avance nacionalista fue un cómodo paseo militar.

El último gran intento de reacción por parte de la República comenzó el 25 de julio de 1938, cuando las unidades republicanas procedentes de Cataluña y organizadas como Ejército del Ebro, cruzaron el río rompiendo el frente, y dando comienzo a la más dura y larga batalla de la Guerra Civil: la Batalla del Ebro.

 

La Batalla del Ebro, julio - noviembre de 1938

El presidente del Gobierno republicano, Juan Negrín, necesitaba desesperadamente demostrar a la comunidad internacional que en la guerra no estaba nada decidido y que cualquiera de los dos bandos podía ganarla. Además necesitaba ganar tiempo, para hacer coincidir el conflicto español con la gran guerra que se avecinaba en Europa. Por ello el ejército republicano tomó sorpresivamente la iniciativa. Un día más tarde de lo planeado, y de madrugada, las unidades republicanas cruzaron el río por tres frentes. Esta fue una acción audaz, ya que la mayor parte del río Ebro discurre con un gran caudal de agua, especialmente en su curso inferior, que es donde se produjo el cruce.

El avance republicano fue muy rápido al principio, llegando en sólo 4 dias a obtener una bolsa de territorio en la zona central de la batalla. No obstante el éxito inicial, los problemas de aprovisionamiento y de cruce para nuevas tropas se incrementan, debido al contraataque nacional y a la presencia de la aviación de la Legión Cóndor que efectúa ataques masivos sobre los medios de paso del río, sin otra respuesta que la de la artillería antiaérea, ya que, inexplicablemente, la aviación republicana tarda más de dos días en actuar, hecho este que nunca ha sido explicado.

Otro problema añadido es la apertura por los nacionales, informados por un ingeniero de la compañía hidroeléctrica, de las compuertas de los embalses de Tremp y Camarasa, situados aguas arriba en la provincia de Lérida. La apertura de compuertas provoca una gran crecida del río que arrastra hombres, camiones y pasarelas que saltan por los aires, tanto por la fuerza del agua como por el choque de troncos con explosivos adosados lanzados por las fuerzas nacionales.

Mientras se producía el desarrollo de la batalla, el escenario internacional se tornaba contrario a la República. Gran Bretaña y Francia comenzaron a adoptar una actitud condescendiente con la Alemania de Hitler, y tras los acuerdos de Múnich del 29 de septiembre de 1938 mediante los cuales Hitler pudo ocupar Checoslovaquia, la República quedó sentenciada. Además días antes (el 23 de septiembre), a fin de modificar su posición ante el Comité de No Intervención de la Sociedad de Naciones, el gobierno de la República debe retirar unilateralmente de la guerra a las Brigadas Internacionales. Esto, unido al cierre de la frontera francesa, que impidió el paso de suministros, decidió la derrota de la República en la batalla del Ebro y precipitó el fin de la guerra.

Los nacionales debieron repetir el gesto de la República ante la comunidad internacional, y retiraron las tropas alemanas e italianas. A pesar de ello, continuaron recibiendo ininterrumpidamente material bélico y suministros.

Finalmente, a la caída de la tarde del 15 de noviembre, las últimas tropas republicanas que quedan en la margen derecha del río, deciden cruzarlo por el puente de Flix, que es volado cuando finaliza el paso de las tropas a la madrugada siguiente.

Termina aquí la última y más terrible batalla de la Guerra Civil, con 198.000 soldados implicados, 17.000 muertos, casi 65.000 heridos y 25.000 prisioneros que correrían una suerte incierta. A partir de este momento el final de la II República y la guerra eran cuestión de semanas.

 

El final de la guerra, noviembre de 1938 - marzo de 1939

Los republicanos quedaron totalmente agotados y sin posibilidad de recibir nuevos suministros bélicos después de la Batalla del Ebro. Mientras, los nacionales seguían avanzando. El día 4 de febrero tomaban Gerona, y dos días después los dirigentes de la República abandonaron el país: el presidente Manuel Azaña, el presidente del Gobierno Juan Negrín, el presidente de la Generalitat de Cataluña Companys, el Lehendakari vasco Aguirre y Martínez Barrios.

El desenlace final de la guerra fue una trágica ironía, pues terminó del mismo modo que empezó, con un pronunciamento militar. El jefe del Ejército del Centro, el coronel Casado, detestaba el monopolio comunista de cinco de los ocho mandos operacionales y además miraba con animadversión la constante interferencia soviética en su plana mayor. Cuando tenía claro que los comunistas le iban a destituir, implantó en Madrid un Comité de Defensa compuesto por grupos anticomunistas procedentes de los socialistas de Besteiro y de la CNT.

El Comité rechazó la autoridad del gobierno central y proyectó negociar la paz con Franco, apareciendo, a semejanza del general, como los salvadores de España. Pero Franco no dejó de insistir en la rendición incondicional y los intentos de negociación fueron rechazados.

El resultado de todo ello fueron seis días de guerra civil dentro de la Guerra Civil, en las calles de la capital republicana, entre los coministas y las fuerzas leales al Comité de Defensa. Cuando finalizó esa lucha, había desaparecido el último ejército republicano. La Guerra Civil había terminado.

Acta del final de la Guerra Civil, firmada por Franco: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. El Generalísimo Franco. Burgos, 1º Abril 1939

Las tropas vencedoras entran en Madrid

La Guerra Civil supuso la culminación de un largo periodo convulso de la historia de España. Décadas de pronunciamientos militares, inconformismos regionalistas y nacionalistas. Fue sin duda la máxima expresión de lo que Ortega acuñó como el eterno problema de España. Arranca esta época quizás con la muerte de Fernando VII en 1833, o puede que mucho antes, con la instauración de la monarquía borbónica a partir de 1700. Se ensayaron muchas fórmulas, muchas soluciones. La II República fue una de ellas, pero sus dirigentes no supieron o no quisieron aprovechar la ilusión de la mayoría de la ciudadanía, y finalmente la situación degeneró en la terrible Guerra Civil que provocó, según cifras oficiales, más de 300.000 muertos. A la guerra le sucedió una larguísima dictadura, la de los vencedores, la del general Franco.

 

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