De no haberse internacionalizado el conflicto desde sus primeros momentos, la guerra civil habría sido muy corta, e incluso quizás no habría llegado a tener tal nombre.
Entre los días 23 y 24 de julio de 1936 Francia e Inglaterra reunieron a sus máximos representantes gubernamentales para tratar sobre la conveniencia o no de intervenir en la guerra civil española, a favor de la República, pero teniendo en cuenta la extraordinariamente frágil paz europea del momento.
Francia en principio tenía intención de apoyar a la República, no en vano el gobierno de Blum pertenecía al Frente Popular, coincidente en nombre e ideología con el grupo de partidos en que se apoyaba el gobierno español. Pero en aquella reunión comprobó que Inglaterra no veía con buenos ojos el apoyo a la República. Todavía eran tiempos en los que se tenía a la Alemania nazi como una necesaria barrera contra la amenaza soviética de Stalin.
En este complicado contexto europeo se firmó finalmente el acuerdo de la no intervención en los días 4 y 5 de agosto, cuando ya era evidente la participación de alemanes e italianos en la Guerra Española. El acuerdo, único en su género en toda la historia, no fue un pacto colectivo, sino una serie de declaraciones unilaterales coincidentes. Cada gobierno se comprometió a prohibir el envío a España de cualquier clase de armamento, aviones o envíos de guerra.
Francia fue la primera en hacer efectiva la declaración, pues el 8 de agosto prohibió por completo la venta de armas al gobierno de Madrid. La actitud británica fue aún más radical, llegando el embajador británico a afirmar que esperaba la llegada de los suficientes alemanes para que la guerra terminase pronto.
Con esta situación se consiguió apartar de la Sociedad de Naciones el caso español. Este organismo ya estaba muy desprestigiado por el caso de la anterior invasión italiana de Etiopía, en la cual estableció una serie de sanciones contra el gobierno italiano que no fue capaz de hacer cumplir. Con la doctrina de la no intervención, las potencias fascistas lograron casi anularla.
Por otro lado, la URSS fue el único valedor que tuvo la República en el proceso de la no intervención. El gobierno soviético aceptó la propuesta francesa, pero puntualizó que Portugal (donde gobernaba Salazar, simpatizante del levantamiento) debía unirse al proyecto, y que la ayuda prestada por ciertos estados al gobierno ilegítimo de España debía interrumpirse inmediatamente.
EEUU se adhirió indirectamente a la propuesta francesa a través de la recomendación a todos sus ciudadanos de no intervenir en los conflictivos asuntos españoles. Sin embargo la ley no se aplicó a cuestiones comerciales somo los suministros de gasolina. Así la empresa Texaco concedió un crédito al régimen de Franco que luego le sería devuelto en los años 40 a través de la concesión en Repasa, la primera refinería de petróleo construida en España en la posguerra.
Nada más producirse el levantamiento se creó en el seno del Ministerio de Guerra alemán el llamado Estado Mayor W, cuyo cometido era centralizar todo el apoyo alemán a la España Nacionalista. Al principio la ayuda se realizó bajo la cobertura comercial de la empresa Hisma, con base en España y Marruecos.
Las ventas de armamento alemán se planificaron a lo largo de toda la Guerra Civil y como media salía de Hamburgo un barco con suministros bélicos cada cinco días. Además, los suministros más urgentes se enviaban mediantes varios vuelos semanales, mientras que la flota alemana fondeaba en todos los puertos nacionalistas, descargando material, bloqueando las entradas hacia la República y entorpeciendo sus moviemientos de acción.
![]() |
Pero sin duda la ayuda más importante por parte de Alemania llegó de mano de la aviación. En octubre de 1936 se creó la Legión Cóndor, que durante toda la guerra centralizó la fuerza aérea franquista, y fue campo de laboratorio para los alemanes en armamento y métodos de combate. La cuentía de la ayuda en armamento y otros suministros se calculó en unos doscientos millones de dólares que fueron devueltos por el Gobierno español al III Reich durante la Segunda Guerra Mundial mediante el envío de materias primas y alimentos. A la izquierda, avión de la Legión Cóndor, llevando el emblema de la aviación nacionalista.
|
A semejanza de lo ocurrido en Alemania, el Gobierno italinao creó, dentro del Ministerio de Asuntos Exteriores su Officio Spagna, cuya empresa canalizadora fue la Safni.
La ayuda italiana fue desde el principio más amplia que la alemana, pero por su menor calidad y trascendencia internacional, tuvo una significación menor. La aviación fue sin duda la protagonista, con los aviones Capronis y Savoias que actuaron en casi todos los combates en el avance hacia Madrid, y a lo largo de toda la campaña bélica.
Italia envió unos 120.000 soldados, formados en unidades completas bajo el mando de sus propios generales. La ayuda se calculó en catorce mil millones de liras. Posteriormente el gobierno de Franco sólo reconoció 5.000 millones que terminó de devolver ya después de 1960.
Los militares destinados en Marruecos consiguieron el apoyo de los nacionalistas marroquíes para la causa rebelde, ya que, al contrario que el gobierno de la República, ofrecieron promesas de libertad y una nueva política colonial que permitiría incluso el establecimiento de un estatus de autonomía. Ello provocó una afluencia muy importante de marroquíes en la Guerra Civil, en el lado de la insurgencia.
Desde 1925 se fueron surpimiendo las libertades en Portugal, y durante el periodo de la Segunda República fue uno de los lugares preferidos por los conspiradores españoles antirrepublicanos. En las primeras semanas de la lucha armada sirvió de tierra de paso para los suministros y envíos urgentes de material de guerra desde el sur hacia la zona norte que presentaba una escasez de municiones.
La ayuda recibida por el bando republicano fue bastante menor, y se limitó a la recibida por la Unión Soviética, Méjico y a la que llegó a través de la creción de las Brigadas Internacionales.

Brigadistas internacionales participando en la batalla de Guadalajara en marzo de 1937
La URSS ofreció a la República ayuda ni pagada por unos 120 millones de dólares, pero más importante que ello fueron sus gestiones para el envío de armas y alimentos por los 568 millones de dólares en oro que el Banco de España depositó en el Gosbank soviético. Con cargo a esta cifra se hicieron toda clase de compras en la URSS y en otros países.
Las Brigadas Internacionales comenzaron a funcionar en el frente de Madrid en noviembre de 1936. Sus efectivos al comienzo no superaban los 20.000, y se calcula que a lo largo de toda su participación en la guerra, el número de voluntarios se acercó a los 40.000, lo cual era un aporte muy pequeño comparado con las tropas alemanas e italianas que ayudaban al otro bando.
Estuvieron formadas principalmente por franceses, alemanes, austriacos e italianos antifascistas; estadounidenses y británicos, y un pequeño número de canadienses y europeos orientales (yugoslavos, húngaros, checos). Se organizaron cinco brigadas formada por tres o cuatro batallones que sumaban un total de cinco mil hombres con diverso tipo de armamento.
Los integrantes de las brigadas se incorporaban individualmente, siguiendo los llamamientos de numerosas organizaciones de izquierda. Al llegar a España se concentraban en una base organizada en Albacete para su instrucción, y después se dirigían al Frente integrados en el Ejército Reppúblicano.