Antecedentes

La Guerra Civil Española fue sin duda un terrible conflicto que asoló el país entre 1936 y 1939. Ambos bandos creyeron tener poderosas razones para, unos, provocarla y otros iniciarla.

Por un lado las izquierdas quisieron llevar adelante un proceso revolucionario cuyo referente era la Unión Soviética, y las derechas pararon primeramente esa revolución en 1934, y finalmente se rebelaron contra las condiciones que se estaban creando después de la victoria en las elecciones de febrero de 1936 del Frente Popular.

Concentración de las Juventudes Socialistas el 14 de junio de 1936 en un mítin del líder del PSOE, Largo Caballero

Esta victoria se produjo con unos resultados muy ajustados. Poco tiempo después, y basándose estrictamente en una norma sobre la disolución de las Cortes, es destituido el Presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora. Por otra parte, se destina fuera de Madrid a los generales que se consideran desafectos a la república.

Durante la Segunda República la polarización de la política española que se inició a finales del siglo XIX alcanza su zénit. Conviven una izquierda revolucionaria y una derecha fascista importantes, con una izquierda moderada y una derecha republicana; un centro anticlerical y una derecha de fuerte componente católico y monárquico, una sociedad secular muy anticlerical y un catolicismo ultraconservador.

Desde 1808, la sociedad española intentaba salir de una tradición absolutista que, a diferencia del resto de países de Europa, lastraba aún al país manteniendo fuertes diferencias económicas entre privilegiados y no privilegiados. Los conservadores, muchos militares, terratenientes y parte de la jerarquía católica ven peligrar su posición privilegiada y su concepto de la unidad de España, lo que les hará sentirse hostiles a la República.

Una población rural dividida entre los jornaleros anarquistas y los pequeños propietarios dominados por los caciques y la Iglesia; unos burócratas conformistas y una clase obrera con salarios muy bajos y, por lo tanto, con tendencias revolucionarias hacen que también entre las clases menos favorecidas la división fuese muy acusada. También existía una tradición de más de un siglo (desde los tiempos de Fernando VII) según la cual los problemas no se arreglaban más que con los levantamientos, una muestra de ello fueron las múltiples guerras carlistas a lo largo del siglo XIX.

Este conjunto de circunstancias hace que, durante la Segunda República el clima social sea muy tenso, la inseguridad ciudadana muy alta y los atentados de carácter político o anticlerical una lacra para el país.

Se llega así al mes de febrero de 1936, fecha del recrudecimiento de los disturbios en la calle, contabilizándose centenares de tiroteos y decenas de muertos, además de asaltos a iglesias, partidos políticos o periódicos que se sucedieron hasta el mes de julio, antes del inicio de la guerra.

El 14 de abril de 1936 se produce el desfile de conmemoración del Quinto aniversario de la República, presidido por el nuevo presidente Manuel Azaña. Durante el paso de la guardia civil, los abucheos y los disturbios proferidos por el público fueron abundantes, ya que se dudaba de la fidelidad al gobierno de la misma, y el resultado fue la muerte del alférez De los Reyes durante una trifulca.

Pero dos días después el entierro fue la excusa para que la derecha se echase a la calle para protestar efusivamente; la comitiva, que quiso recorrer mucha más distancia que la que la separaba del cementerio, acabó por provocar enfrentamientos que hicieron entrar en juego a los Guardias de Asalto (cuerpo de orden creado por la Segunda República). En medio del caos, resulta muerto Andrés Sáenz de Heredia (primo de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange) y una muchedumbre, al observar cómo el teniente José Castillo dispara al joven tradicionalista José Llaguno Acha, enfurece e intenta lincharlo. Tanto el joven como él necesitaron atención médica.

Y el 12 de julio, José Castillo muere asesinado mientras pasea tranquilamente por la calle (probablemente por falangistas). Castillo era conocido por su activismo izquierdista y por negarse a intervenir contra los rebeldes de la Revolución de Asturias años atrás.

La conmoción por el asesinato no tardó en extenderse entre la propia Guardia de Asalto a la que él pertenecía. Y a la madrugada

siguiente, en represalia, un grupo de guardias, al no encontrar en su casa a Gil-Robles, miembro del anterior gobierno de derechas, secuestran y matan a José Calvo Sotelo, que era miembro del parlamento y líder de la oposición al Frente Popular y además ministro de finanzas durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Este crimen convenció de la necesidad de dar el Golpe de Estado a los militares que aún estaban indecisos, entre ellos, a Franco. Este Golpe de Estado estaba preparado por Mola para mediados o finales de julio desde hacía tiempo, y contaba con el apoyo de la Falange y de los movimientos conservadores y católicos. El levantamiento acababa de comenzar.

La imagen de la izquierda es una fotografía del entierro de Calvo Sotelo, en el que muchos de sus simpatizantes le despiden con el saludo fascista. La situación ya es irreversible, y el golpe de Estado es cuestión de horas.

 

 

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