La inmigración extranjera

Desde 2005, España es el segundo país del mundo en el número de inmigrantes que entran en cada año, después de Estados Unidos. Más de un 10% de la población es inmigrante, según los datos oficiales. La tasa anual de crecimiento real de la población española actualmente es excepcional para un país desarrollado. En el mapa de arriba aparece el porcentaje de inmigrantes según su procedencia, y el número actual estimado. Como media, cada 50 segundos entra un inmigrante nuevo en nuestro país.

 

Un 53,4% de los extranjeros censados son hombres. Su ocupación laboral se dirige a las tareas agrícolas (especialmente marroquíes y subsaharianos), y a la construcción (especialmente los originarios de Europa del Este). Son sectores laborales no deseados por la población española y que necesitan ser cubiertos para que el país pueda seguir creciendo.

Un 46,6% de los extranjeros censados son mujeres. Las áreas a las que principalmente se dirigen son las grandes ciudades, y su ocupación laboral se centra en las tareas domésticas, el cuidado de ancianos y niños y en menor medida la hostelería. Como sucede con los hombres, ocupan puestos de trabajo poco deseados por los españoles, pero muy necesarios para el desarrollo social y económico.

Las personas que deciden emigrar soportan casi siempre situaciones muy difíciles: problemas para encontrar una vivienda digna, rechazo de la población autóctona y de otros grupos de emigrantes, acceso a trabajos precarios y mal pagados.

La historia se repite. Son dos emigrantes diferentes, pero separados sólo por el tiempo. Ambos tienen las mismas expectativas para su vida y para los suyos. Ambos tienen los mismos problemas y dudas. Sólo les separa algo más de medio siglo.

 

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