Explosión demográfica

 

La Tierra cada vez está más poblada. En la actualidad nos acercamos a los 7.000 millones de habitantes, a razón de 95 millones de personas más cada año. Pero este aumento no se produce igual en todas las partes del mundo. La explosión demográfica se da sólo en los países subdesarrollados, que son más de la mitad de países de la Tierra. 

Esto trae unas consecuencias. En primer lugar la pobreza de los habitantes de esos países. Para paliar el problema en parte, traen más hijos al mundo.

En los países subdesarrollados, como el trabajo está tan mal pagado, los niños, desde edades muy tempranas tienen que ir a trabajar, en unas condiciones pésimas. Cuantos más trabajen en la familia, más dinero podrán ganar para procurarse al menos algo que comer una vez al día.

 

Como la mayor parte del trabajo está en las ciudades, las personas emigran allí, provocando en ellas un crecimiento exagerado. Los barrios donde tienen que vivir los habitantes con pocos recursos están construidos sin planificación, y con viviendas precarias, sin servicios.

El aumento tan fuerte de la población de los países subdesarrollados está provocando además un deterioro medioambiental.

La pobreza les ha conducido a una sobreexplotación de los recursos naturales ocasionando la pérdida de los bosques y muchas especies, la contaminación de los lagos, ríos y océanos, y la acumulación de gases invernadero.

 

Las tasas de natalidad de los países subdesarrollados son muy elevadas. Todos los países que muestran una tasa superior a 20 nacimientos por 1.000 habitantes pertenecen al Tercer Mundo. En el siguiente gráfico aparecen los cinco países con más natalidad (4 en África, y 1 en Asia) y los cinco con menos (todos en Europa). (Datos de 2006).

La tasa de natalidad es tan elevada porque la tasa de fecundidad (el número de hijos por mujer) es muy elevado, superior a 4.

 

El trabajo infantil es un fenómeno que se da en todos los países. En España, por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo calcula que trabajan más de 200.000 niños. Pero donde se da con mucha mayor intensidad es en los países empobrecidos por las circunstancias económicas que atraviesan sus habitantes y que les obligan a recurrir al trabajo de sus hijos, por las siguientes razones.

  • Para permitir que sus padres puedan trabajar fuera.

  • Por los bajos sueldos que provocan que varias personas dentro de una misma familia deban trabajar para poder mantener un mínimo de ingresos.

  • Por las deudas paternas, que muchas veces convierten a sus hijos en esclavos, entregando su trabajo a cuenta para poder pagarlas.

Por todo ello es necesario que más miembros de la familia trabajen, y por consiguiente, aumenta la fecundidad.

El trabajo, en cualquier caso, es precario. Muchas veces por cuenta del propio trabajador, sin ningún seguro, o en grandes fábricas en ausencia de condiciones saludables, con horarios asfixiantes y en régimen casi de esclavitud. El crecimiento económico de estos países, menor que el aumento de la población, impide el avance de la cobertura social para todos.

La mayoría de las más pobladas ciudades del mundo se encuentran en los países subdesarrollados. Estas ciudades padecen un crecimiento descontrolado, están rodeadas de barrios de chabolas o favelas, y dentro de muchas de ellas se levantan grandes fábricas muy contaminantes. La población de estos barrios está expuesta a las enfermedades.

Por otro lado, la mortalidad infantil es aún muy elevada, lo que es un factor más que alimenta la alta fecundidad al necesitar las familias nuevos hijos para la obtención de recursos.

La mortalidad infantil es la tasa que mejor mide el índice de desarrollo humano (IDH) de un país. Cuanto más elevada es, menor IDH.

La presión humana sobre el medio ambiente es muy elevada allí donde se asienta la población, pero es más intensa en los países subdesarrollados, donde hay menos recursos. Las selvas disminuyen su extensión (la selva amazónica pierde unos 2 millones de hectáreas cada año, una superficie equivalente a la provincia de Badajoz), y las fábricas más contaminantes del mundo se asientan en las ciudades de estos países, donde los controles ambientales por parte de los gobiernos, son menores.

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