La arquitectura gótica se despreocupó de los elementos decorativos de la edificación, propios de épocas anteriores, y centró sus objetivos en el desarrollo de la ingeniería constructiva. Supuso una auténtica revolución que ensayó sus fórmulas sobre la arquitectura ya existente provocando una lenta evolución del románico a través de un largo y laborioso período de tanteos y no pocos fracasos.
Elementos arquitectónicos
Sin duda en la arquitectura es donde mejor se expresó y desarrolló todo el arte gótico. Los principales elementos constructivos de la arquitectura gótica son dos: la bóveda de crucería y el arco apuntado.
La bóveda de crucería
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Llamada también bóveda nervada. Está
formada por dos arcos llamados nervios (al comienzo de medio punto, y
más tarde apuntados), que se cruzan en el centro (clave). La bóveda se
rellena, entre los nervios, con la plementería.
Su origen se encuentra en las bóvedas de ojiva originarias del mundo árabe, así como en la arquitectura románica desarrollada en Normandía y posteriormente en Inglaterra. Fue en la catedral románica de Durham (siglo XI) donde la bóveda de crucería se utilizó por primera vez en Occidente. |
Interior de la catedral de Durham |
Las nervaduras fueron evolucionando en su expresión:
En el siglo XIII se utiliza la cubierta de crucería simple, así como la bóveda barlonga para cubrir los espacios rectangulares, y la bóveda sexpartita, caracterizadas por un arco transversal que divide en seis partes el casco de dicha bóveda:
Crucería simple |
Bóveda barlonga (catedral de Pamplona) |
Esquema de bóveda sixpartita |
En el siglo XIV las primitivas bóvedas se complican con las bóvedas de terceletes. Son una serie de nervios secundarios que van desde los ángulos a las claves, produciendo un vistoso efecto estrellado:

Bóveda de terceletes en la catedral de Alcalá
Finalmente en el siglo XV aparecen las bóvedas de nervios combados, estrelladas (que cubren estructuras poligonales) y de plementería calada recubierta de vidrieras:
Bóveda de nervios combados |
Bóveda estrellada |
Bóveda de plementería calada |
Con la bóveda de crucería es posible concentrar las fuerzas del peso de la cubierta en los puntos donde se sitúan los pilares. Pero al tratarse de unas construcciones tan estilizadas y en la que cada vez se incrementa el espacio destinado a las vidrieras, es necesario un sistema de contrarresto adicional que complementen los soportes ejercidos por los pilares. Para ello se utiliza en el exterior un ingenioso artificio: los arbotantes:

Arbotantes de la catedral de Chartres (Francia)
Se trata de un soporte que, a modo de tirantes, transmiten los empujes oblicuos de la cubierta directamente a tierra, a través los gruesos contrafuertes en los que se apoyan.
El arco apuntado u ojival
Se trata de un arco de dos centros cortados en águlo curvo. Su utilización es lo que confiere a los edificios la peculiar esbeltez y verticalidad que caracteriza al gótico. El grado de altura de las bóvedas dependerá de la separación de los centros de los arcos.

Los arcos evolucionan desde los equilatados del siglo XIII (con poca flecha) al lanceolado del siglo XIV (muy punteagudo). En el siglo XIV se utiliza además el arco carpanel, que es un arco de medio punto rebajado, pero con tres centros. Ya en el siglo XV aparece el arcon conopial (de cuatro centros), propio del flamígero, y el mixtilíneo.
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Arco carpanel |
Arco conopial |
Arco mixtilíneo |
Los otros elementos arquitectónicos importantes del gótico son:
| Los vanos, que mantienen la forma
abocinada del románico, pero les superan en número y además pueden
prescindir del muro y solucionar el problema de la iluminación del
templo.
El gótico utilizará para las ventanas las vidrieras, cada vez mayores y más vistosas, que estarán formadas por varios elementos: tracerías (que organizan el vano u ojiva, con una decoración a base de piedra de figuras geométricas que simulan formas vegetales); armazones (de hierro, unidos a las trazerías y del que parten unos alambres que fijan el) emplomado (estructura de guías de plomo que marcan la silueta de las figuras y contienen los fragmentos de vidrio coloreado). |
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Interior de la catedral de León |
Los soportes, que son los pilares formados por un núcleo central de hormigón recubierto de piedra con una serie de columnas adosadas. A medida que avanza el gótico, las columnas se convertirán en columnas de haces, qye en realidad son la prolongación de los nervios hasta el suelo, a veces muy finos, llamados en este caso baquetones |
Las fachadas, que adquieren gran
importancia y desarrollo, tanto la principal como las dos del crucero.
Tienen forma de H y están flanqueadas por dos torres cuadradas rematadas
por sendos chapiteles que suelen culminar en estilizadas flechas.
La fachada se estructura en varias alturas:
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La catedral
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Todos los elementos arquitectónicos del
gótico donde mejor se disponen es en la catedral, que sin duda es el
edificio emblemático de este estilo, aunque junto a él adquirirán
cierta importancia otras construcciones civiles.
La catedral concentra el esfuerzo de la ciudad, tanto en el aspecto económico, como en el de los gremios y cofradías que se representan en sus respectivas capillas. Además conviven perfectamente los tres estamentos sociales que cuentan con sus correspondientes espacios en la catedral: el clero representado en la nave central y el coro (que está segregado del resto del templo); el nobiliar con sus fastuosas capillas funararias en el ábside; y el pueblo llano, ocupando las naves laterales, la girola y el deambulatorio. La planta de la catedral evoluciona con respecto al clásico esquema de la cruz latina. La nave central destacará con respecto a las otras dos, y las cuatro naves laterales se prolongan por la zona del ábside a través de la girola.
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| Los muros laterales se
desarrollan a base de arcos formeros y dos registros superiores: el
primero para el triforio (corredor con galerías que circunda el templo
y evoca las tribunas románicas) y el segundo para los ventanales que se
cubren de bellas vidrieras.
En la imagen de la izquierda, parte alta de un muro lateral de una catedral gótica, con el triforio formado por dobles arcos de tres centros y barandillas de filigrana de piedra. En la parte superior los ventanales con las vidrieras. |
Evolución
En el arquitectura gótica se distinguen 4 periodos:
La arquitectura gótica en Europa
Francia
Sin duda el gótico tiene un origen francés, y su primera expresión fue la abadía de Saint Denis, cerca de París, construida a mediados del siglo XII. Finalizando este siglo se construyen las primeras catedrales: Noyons, Laón y Notre Dame de Paría. En el siglo XIII se levantan los grandes conjuntos de Chartres, Bourges, Reims y Amines. Por primera vez se sustituyen completamente los muros por vidrieras en la Sainte-Chappelle de París (contruida de 1238 a 1245):

El gótico francés se caracterizó sin duda por su gran verticalidad, no sólo de las naves centrales, también de las esbeltas flechas de sus chapiteles
Alemania
En Alemania hay una rica tradición románica. El gótico se va a expresar no tanto por la verticalidad (excepto algunas catedrales como la de Estrasburgo -hoy en Francia-), como por la compensación de altura entre sus naves, dando lugar a las imponentes Hallenkirche (iglesias de planta-salón).
Italia
En Italia el gótico no tuvo tanto éxito como en el resto de Europa ya que los artistas italianos lo veían como un estilo que se apartaba de los estándares clásicos que formaban parte de su tradición. Por ello en sus cosntrucciones predominará lo horizontal sobre lo vertical. Las fachadas, que se decoran profusamente con el uso de mármoles coloreados y mosaicos de evocaciones bizantinas, cumplen una función de pantalla que disimula y cubre la estructura interna del edificio que en ocasiones está definida por arcos de medio punto, algo bastante inusual en el resto de Europa.
Inglaterra
El gótico tuvo una expresión y desarrollo diferente del continente, pues enlaza con la tradición anglonormanda anterior, y desde mediados del siglo XIII evoluciona hacia formas barroquizantes manifestadas en el gusto por los rígidos baquetones verticales que decoran los muros. Es el estilo llamado perpendicular que además se caracteriza por la utilización de complicadas bóvedas cónicas en forma de abanico.

La arquitectura gótica en España
El gótico se introdujo en España a través de la construcción de monasterios cistercienses en el siglo XII, como Poblet y Santes Creus en Tarragona, o Iranzu en Navarra. Las influencias francesas se dejan ver en Castilla y las primeras muestras auténticamente góticas aparecen en la catedral de Ávila, obra de Frunchel. En Cuencua, a finales del siglo XII se levanta la primera catedral dentro del nuevo estilo, levantada a base de bóvedas sexpartitas propias del cisterciense borgoñón y también con alguna influencia anglonormanda.
En el siglo XIII se levantan las tres catedrales más representativas del gótico español, inspiradas en modelos franceses y consideradas auténticas joyas:
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Burgos |
Toledo |
León |
En el siglo XIV aparece el gótico catalán, que a diferencia del castellano apuesta por la austeridad decorativa y además concede una especial importancia a la arquitectura civil. Las catedrales, como Barcelona, Gerona y Palma de Mallorca tienen una tendencia hacia la unificación de la altura de las naves y el aprovechamiento del espacio situado entre los contrafuertes, lo que las hace similares a las catedrales de planta salón alemanas. Las cubiertas se sostienen por delgados pilares y los arbotantes son muy vistosos.
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Barcelona |
Gerona |
Palma de Mallorca |
A finales del siglo XIV en el XV el gótico en España deriva hacia un aumento en la complejidad en las bóvedas y la multiplicación de las naves que anulan la verticalidad del siglo XIII. Ello se puede ver claramente en las catedrales de Sevilla (que es la más grande de España) y Segovia construida ya en el siglo XVI.
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Sevilla |
Segovia |
Aumentan los elementos decorativos, que culminan en el estilo hispano-flamenco, llamado también isabelino o Reyes Católicos, en el que se funden las influencias mudéjares con una refinada y barroquizante decoración borgoñona propias del gótico flamígero. A este estilo pertenecen el Monasterio de San Juan de los Reyes (Toledo) y el Palacio del Infantado (Guadalajara), obras de Juan Guas. Esta tendencia será continuada por Enrique Egas, que construyó el hospital de planta cruciforme con patios entre los brazos, el de Santa Cruz de Toledo. Esta nueva tipología sentará las bases del primer Renacimiento español, el estilo plateresco.