¿Cómo?
INTRODUCCIÓN
La sociedad actual está pasando por una
crisis de valores, presentando un deterioro tanto
en la familia como en la sociedad; por lo que cobra carácter de urgencia la
educación ética de niños y jóvenes. Sin embargo, debemos procurar que sean
ellos los que "descubran" por sí mismos en qué consiste una vida
fecunda y valiosa de manera que no sientan coartada su libertad al percibir la
autoridad o imposición de alguien que intente "enseñarles" sobre valores.
En nuestra vida, como seres humanos, nos
encontramos siempre ante dos tipos de realidad: los "objetos" y los
"ámbitos".
Los "objetos" son las realidades
que no tienen poder de iniciativa, son las cosas externas y ajenas a nosotros,
las cuales podemos medir, tomar, pesar, analizar, pero no podemos asimilar como
propias.
Los "ámbitos" son las realidades
que van mucho más allá, pues resultan ser fuente de posibilidades e
iniciativas.
En ocasiones, un simple "objeto"
puede elevarse a una condición de "ámbito", así como un "ámbito"
se puede reducir o rebajar a condición de "objeto".
Es indispensable que sepamos reconocer la
condición ambital de las realidades y que procuremos elevar, siempre que
podamos, los objetos a la condición de ámbitos, pues sólo en ese nivel es
posible tener experiencias enriquecedoras que nos permitan desarrollarnos como
personas.
A continuación se exponen los dos procesos
que se pueden dar según la actitud que tome un individuo frente a una realidad:
el Encuentro y el Vértigo.
El Encuentro
El encuentro está constituido por el
intercambio fecundo de posibilidades de desarrollo personal, y sólo a través
de los encuentros es que el hombre vive como tal, se desarrolla y se dirige
hacia el perfeccionamiento humano.
El encuentro sucede cuando el ser humano no
intenta dominar las realidades, cuando no busca reducirlas a
"objetos", sino que las considera como "ámbitos" y
establece una relación de compromiso, participación y colaboración.
El ser humano incrementa su identidad cuando
crea formas valiosas de unidad, y de esta manera logra también una mayor
libertad interior, por esta razón se considera al encuentro como el ideal de la
vida humana y se convierte en el núcleo de nuestra formación.
Una relación de encuentro debe crearse por
medio del compromiso con ciertas exigencias que llamamos "valores".
Los valores son fuetes de posibilidades y hacen referencia a las ideas que
marcan al hombre una orientación fecunda para su vida.
Cuando un hombre sensible a los valores
es atraído por una realidad que le ofrece posibilidades de creatividad, y
adopta ante ella una actitud de apertura y colaboración, se da el proceso de
encuentro.
Este proceso exige dejar de lado los propios
intereses y no ofrece ganancias inmediatas, pero a cambio, lo da todo al final y
causa gran entusiasmo y una profunda felicidad, acompañada de sentimientos de
paz, amparo y júbilo festivo.
El Vértigo
El vértigo es la sensación de vaciamiento
total y de soledad que se produce en la persona que se deja llevar por la ambición
de dominar y poseer las realidades para lograr beneficios inmediatos, pero esta
fascinación termina quitándole todo y lo encamina hacia su propia destrucción
física y moral.
El proceso de fascinación no exige nada al
principio y produce una euforia febril que luego se convierte en gran decepción
cuando la persona se da cuenta que, aunque posee la realidad, no puede
encontrarse con ella ni le brinda una oportunidad de desarrollo personal,
provocando que se encierre en sí mismo y haciéndole perder su propia
identidad.
Quien se entrega al vértigo se ve obligado a renunciar a cualquier relación de encuentro, y la consecuencia final es la destrucción propia y del entorno.
Ser Espectador
Toda obra literaria o cinematográfica le
permite al espectador entrar en la trama de otras vidas, ya que muestra todo un
despliegue de "ámbitos de vida" enlazados entre sí en una lógica
interna, que puede ser destructiva o constructiva.
Al descubrir esta lógica, el espectador
puede discernir el carácter y las consecuencias de ciertas actitudes.
De esta manera, las películas pueden servir
como mecanismos de percepción del mundo, como si fueran una prolongación de
los sentidos humanos. Desde este punto de vista, el análisis contribuye a la
comprensión de los significados de una realidad social concreta. El contenido
de las obras cinematográficas deviene así en un material susceptible de
focalización, análisis e interpretación.
Sin embargo, es necesario que el espectador
intente ver la obra desde adentro, con una actitud abierta y generosa,
procurando captar la más profunda humanidad de los personajes. Debe mirar la
obra como un ámbito de realidad con el que es posible participar de manera
creativa, en un campo de juego común, en donde nadie anula ni domina a nadie.
El espectador debe descubrir el tema profundo
que encierra la obra, asumiendo activamente las posibilidades que le brinda,
para luego dejarse interpelar por las experiencias humanas que allí aparecen.
Al adoptar una actitud creativa, el espectador podrá percibir cómo se le
revela la obra y verá su propio perfil de ser humano palpitando en ella y,
finalmente, podrá encontrarse consigo mismo.
CONCLUSIÓN
Para que una persona pueda abrirse a la
captación de valores debe comenzar por dejar de
lado toda actitud de egoísmo y ambición, y asumir una actitud creativa,
participativa y generosa. Sólo de esta forma podrá establecer una relación de
encuentro que le ofrezca posibilidades de desarrollo como persona.
Hay que tener claro que los valores
no se impondrán a sí mismos, sino que le ofrecerán a la persona la
participación en ellos y le darán la posibilidad de realización personal,
siempre y cuando el individuo se muestra creativo. Posteriormente, la persona
podrá darse cuenta que lo realmente valioso no es todo lo que posee, sino los valores
que alcanza cuando se eleva al nivel de la creatividad y se abre a la
experiencia del encuentro.
El único modo de que la persona se encuentre
con los valores es mediante las experiencias de
encuentro o éxtasis, y si la persona decide responder a ellos
comprometidamente, se encaminará al pleno desarrollo como ser humano.
Es necesario que la persona sepa diferenciar
los distintos tipos de realidad y la actitud que debe tener ante cada uno. Debe
saber reflexionar para poder descubrir los procesos básicos del desarrollo
humano y conocer las actitudes que le llevan a alcanzar su plenitud.
De igual forma, es esencial que la persona
pueda interpretar la vida y reflexionar sobre sus conflictos vivenciales,
desarrollando así un pensamiento riguroso y una inteligencia con capacidad de
profundizar.
En este sentido, las obras cinematográficas
resultan ser un punto de partida desde el cual las personas pueden dialogar y
repensar sus propias historias, permitiendo la construcción de identidades
individuales y colectivas.
BIBLIOGRAFÍA
ALMACELLAS BERNADÓ,
Mª Ángeles. La Formación Ética de Niños y Jóvenes a través de la
Literatura y el Cine.
http://www.ase.es/comunica02/2.3..lor.doc
http://www.mcye.gov.ar/escuelaymedios/cine.html