Una persona que personifique la humildad rechazará el orgullo y hará el esfuerzo de escuchar y aceptar a los demás, porque previamente se ha aceptado tal como es y ha reconocido que necesita de los demás. Cuanto más acepte a los demás, más se tendrá en estima a esa persona. Conviene distinguirla de la falsa humildad que es la dejación de los propios deberes con la excusa de no ser capaz, y en aras de conseguir una mayor comodidad.

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